Genésis
Genésis
Miró hacia el Abismo. Todo desierto. Otra vez. La oscuridad lo aterraba, si es que algo pudiera hacerlo. Antes, siempre antes, todos le habían dicho que no lo hiciera. Y desapareció. Sólo quedaron él y el Abismo, negro blanco. O blanco negro. Ennegreciblancuzco. Blaquecinegrodeltodo. Como sea.
Temía cometer los mismos errores que las veces anteriores. Comenzaba despacio, imperceptiblemente. Un trazo equivocado acá, allá, y cuando quería acordarse todo se iba al demonio. Ja, al demonio. Literalmente. Y por supuesto, había que deshacer todo. De nada valián los ruegos. Nadie quería desaparecer, obvio. Pero él, más que nadie, sabía lo que estaba bien y lo que no. Qué era el mal, después de todo, sino algo de su invención. El creaba las reglas. Pero después se le iban de las manos. No habia vuelta atrás. Su juego, sus reglas, su justicia. Y era justo seguir sus propias reglas.
Luego la destrucción, el fuego eterno: el Apocalipsis, lo llamaban. Que originales eran sus creaciones. Nombre ominoso para el fin, si es que los hay. -Que lo hay.- Los veía luchar, tratar de dar vuelta, cambiar la historia. Pero no hay marcha atrás. Una vez que el tapiz perdía una hebra... Podía intentar no verlo, darle tiempo a reparar el error. Cómo si pudieran. Cómo si él no tuviera nada más importante que hacer.
El Abismo lo seguía atormertando. No lo podría soportar mucho tiempo. El miedo a la nada se superponía a la certeza del error. Todo termina mal. El trazo se escapa, la mano tiembla, la mirada se desvía, pierdo la atención y los diminutos seres corren, quieren escapar, dejan de creer. Libre albedrío, inteligencia, lógica. Todo se iría con el viento. Con el humo. La quemazón del fin.
Pero ahora era el tiempo, una vez más, de la Vida. Todo florecería una vez más. Adan y Eva se tomarán de las manos y pegarán el salto hacia el futuro. La pasión del juego, la adrenalina del error, dos, cuatro, miles de corazones latiendo, jamás parar, nunca pensar. Para el que piensa, la nada, el terror de la inexistencia. -Qué sería de toda esta gente sin mi- Y a pesar de todo eso, la voluntad creadora, la sonrisa ante el lienzo en blanco.
Era hora de Crear. El mundo volvería. Mío. Todo mío. Primero crear, después destruir. Crear para destruir. Bajó la mano, hacia el blanco que lo atraía y lo repelía al mismo tiempo. Y cuando el trazo comenzara a deslizarse no se detendría. Dios. Una vez más, aquí vamos.
Erasé una vez
Miró hacia el Abismo. Todo desierto. Otra vez. La oscuridad lo aterraba, si es que algo pudiera hacerlo. Antes, siempre antes, todos le habían dicho que no lo hiciera. Y desapareció. Sólo quedaron él y el Abismo, negro blanco. O blanco negro. Ennegreciblancuzco. Blaquecinegrodeltodo. Como sea.
Temía cometer los mismos errores que las veces anteriores. Comenzaba despacio, imperceptiblemente. Un trazo equivocado acá, allá, y cuando quería acordarse todo se iba al demonio. Ja, al demonio. Literalmente. Y por supuesto, había que deshacer todo. De nada valián los ruegos. Nadie quería desaparecer, obvio. Pero él, más que nadie, sabía lo que estaba bien y lo que no. Qué era el mal, después de todo, sino algo de su invención. El creaba las reglas. Pero después se le iban de las manos. No habia vuelta atrás. Su juego, sus reglas, su justicia. Y era justo seguir sus propias reglas.
Luego la destrucción, el fuego eterno: el Apocalipsis, lo llamaban. Que originales eran sus creaciones. Nombre ominoso para el fin, si es que los hay. -Que lo hay.- Los veía luchar, tratar de dar vuelta, cambiar la historia. Pero no hay marcha atrás. Una vez que el tapiz perdía una hebra... Podía intentar no verlo, darle tiempo a reparar el error. Cómo si pudieran. Cómo si él no tuviera nada más importante que hacer.
El Abismo lo seguía atormertando. No lo podría soportar mucho tiempo. El miedo a la nada se superponía a la certeza del error. Todo termina mal. El trazo se escapa, la mano tiembla, la mirada se desvía, pierdo la atención y los diminutos seres corren, quieren escapar, dejan de creer. Libre albedrío, inteligencia, lógica. Todo se iría con el viento. Con el humo. La quemazón del fin.
Pero ahora era el tiempo, una vez más, de la Vida. Todo florecería una vez más. Adan y Eva se tomarán de las manos y pegarán el salto hacia el futuro. La pasión del juego, la adrenalina del error, dos, cuatro, miles de corazones latiendo, jamás parar, nunca pensar. Para el que piensa, la nada, el terror de la inexistencia. -Qué sería de toda esta gente sin mi- Y a pesar de todo eso, la voluntad creadora, la sonrisa ante el lienzo en blanco.
Era hora de Crear. El mundo volvería. Mío. Todo mío. Primero crear, después destruir. Crear para destruir. Bajó la mano, hacia el blanco que lo atraía y lo repelía al mismo tiempo. Y cuando el trazo comenzara a deslizarse no se detendría. Dios. Una vez más, aquí vamos.
Erasé una vez

2 comentarios:
Bueno!
Muy bueno!
Me gustan las imágenes que creas.
Abrazo.
Gracias.
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