Ya con paños fríos sobre las frentes y números puestos que disipan cualquier posibilidad de discusión, se abre la posibilidad de un analísis que intentará bordear lo racional.
Primero hay que resaltar el discurso conciliatorio de Cristina. Dicen que hay que ser magnánimo en la victoria y humilde en la derrota. A CFK se le dio muy bien lo primero, mientras que a Lilita le costo lo segundo. No pudo evitar un discurso encendido y de marcado tono opositor, en un intento de demostrarle a sus votantes que la CC es la nueva opción opositora. Pero no puedo evitar sentir que se le fue la mano.
Margarita Stolbizer, el "destape" de una, más allá de las denuncias y los chicaneos sin sentido para una victoria segura, previsible jornada electoral, no es tal. El periodismo, proclive a ver todo con los antiparras del "aquí & ahora", olvida la decorosa elección de la por aquel entonces candidata de la UCR. Según recuerdo obtuvo un increible tercer lugar, teniendo en cuenta el enorme rechazo que provocaba tan solo la mención del centenario partido en los oidos de la población. En aquel momento se arguyo el arrastre histórico de votos que tiene el partido en el interior de la provincia de Bs. As. (lo mismo se puede decir de los votos que obtuvo Ricardo Alfonsín, sin una campaña visible que lo sustentará, al menos en el conurbano bonaerense -más sobre este tema en el próximo párrafo-). Hoy el argumento pasa por la cantidad de votos que le trajo a su molino la formúla nacional, con Carrió a la cabeza. Como sea, Stolbizer se convierte en el único referente de peso que le queda al radicalismo en la provincia más populosa e influyente del país. Como dije, no una sorpresa, sino una más que grata confirmación.
Sigamos con la UCR. Lejos está de mi cuestionar las políticas internas de los partidos, pero la estrategia disgregadora que adopto el radicalismo en está elección me es muy difícil de comprender. Por una parte, y para demostrar que las diferencias con el peronismo a esta altura se ubica solo en los discursos, ya que no en los actos, aquellos correligionarios con algún poder ejecutivo (y, en menor medida, legislativo) intentaron conservarlo. Lo que no se entiende es no llevar una formula, ya no digo nacional, pero al menos provincial, que muestre la unidad partidaria. Salvo que uno haga caso a las teorías de conspiración que nunca faltan: El radicalismo, hasta la medula de contubernio entre los dirigentes bonaerenses y el gobierno de turno, busco sacarle votos al principal competidor del gobierno. La explicación más simple, sin embargo, es que andan tan pérdidos como cuando Moreau no llego ni a los dos digítos en el porcentual de votantes allá por el 2003. Esperable pero no por ello menos doloroso. Ahora por lo menos, y gracias a la estampa de Lavagna y una minúscula parte del peronismo/duhaldismo residual, arañaron el 20%. Pero, eso sí, al partido le anda faltando la identidad que supo mantener en otros momentos difíciles de su historia.
Los grandes perdedores de la jornada, de más está decirlo, son el Bulldog López Murphy y Jorge Sobisch. L.M. está más cerca del arpa que de la guitarra, y ni hablar de Sobisch, que tuvo más de tres años de campaña y mucho dinero para dilapidar. L. Murphy, no hay que olvidarse, recibió el esquinazo quien supiera ser su socio político. Mauricio decidió lavarse las manos ante la obvia derrota que se avecinaba y supo hacer gobiernoenmanocuerpoatierra, preservo su imagén pero dejo su fuerza política en evidente debilidad. Sin mi, el averno.
Los partidos de izquierda no figuraron ni a place. Pino Solanas hizo lo que pudo, y Claudio Lozano parecería entrar al congreso, no cual no deja de ser un gusto: Siempre una voz inteligente para denunciar lo que debería ser evidente pero no lo es, por razones mediáticamente obvias. Su presencia tendrá, en principio, un importante valor testimonial.
Scioli merece un (pequeño) capítulo aparte. Sacó, en la elección provincial, más votos que CFK. Sigue acumulando poder y conversos, más que nada de sectores refráctarios al gobierno. Seguro, la viabilidad de su gobierno depende por entero del giro de fondos por las autoridades nacionales. Pero es una figurita que puede cambiar de bando como cambia de ropa interior, y no sería extraño verlo, en el 2011, en las antipodas de los Kirchner. Cristina y cía. tendrá que jugar al juego de "un abrazo por acá, el puñal entre los dientes", de la mejor manera posible, y con una sonrisa.
Lo que viene promete mucho de administrar el bienestar, rezarle a la economía global y cintura política. Sólo pido, además, un poco de cabeza fría para pensar más allá de resultados electorales presentes y futuros. Pido políticas consensuadas (sino entre los distintos sectores políticos, por lo menos a fuerza de éxitos) que miren pasando este gobierno y hacia el futuro. Como saben, soñar sigue siendo grátis.