"Forward, the Light Brigade!"
Was there a man dismayed?
Not though the soldier knew
Some one had blundered:
Their's not to make reply,
Their's not to reason why,
Their's but to do and die:
Into the valley of Death
Rode the six hundred.
Cannon to right of them,
Cannon to left of them,
Cannon behind them
Volleyed and thundered;
Stormed at with shot and shell,
While horse and hero fell,
They that had fought so well
Came through the jaws of Death
Back from the mouth of Hell,
All that was left of them,
Left of six hundred.
When can their glory fade?
O the wild charge they made!
All the world wondered.
Honour the charge they made!
Honour the Light Brigade,
Noble six hundred!
- “The charge of the light brigade”, Alfred Lord Tennyson
Si buscamos ejemplos que muestren a las claras lo fácil le resulta a una sociedad -la nuestra- caer en una psicosis colectiva no hay que ir más allá que la guerra de Malvinas. No hacen falta, a estas alturas, analizar las causas. Bastará con decir que la dictadura buscaba una manera de perpetuarse en el poder y, a la vez, desembarazarse de los estragos que ellos mismos habían realizado durante la represión ilegal (por represión entiendase asesinatos a mansalva, torturas y desapariciones) embarcándose en una “guerra justa”, una convencional para lo que se suponía que habían entrenado toda su vida. Así lo hicieron y con una mezcla de imprevisión y errores tácticos todo termino de la peor manera posible.
Volviendo a lo de psicosis lo menciono porque es una de las causas que nos impide ser objetivos en analizar el conflicto del Atlántico Sur no ya de manera desapasionada, porque nos sería imposible, sino al menos sin ataduras sesgantes que nos impiden ver lo que no queremos ver. En Malvinas vemos todas nuestras fallas como sociedad, los errores de nuestros gobiernos, la ceguera obnubilante frente a las relaciones internacionales (esa que no nos permite comprender que, al fin y al cabo, no somos el centro del universo). En Malvinas, como en todos los eventos de nuestra historia, somos lo que somos y por tanto obtenemos lo que nos resulta posible, y no más. Sería fácil decir que la culpa la tenemos todos. Pero negar una simplificación tan burda no debe evitar el señalar, sí, que las culpas yacen en múltiples niveles y en distintos grados de nuestra urdimbre social.
Veamos algunas, sin orden temático ni de ninguna clase:
u Errores garrafales en la visión de conjunto, en cuanto a la reacción de la comunidad internacional. El primer supuesto erróneo, por supuesto, fue el pensar que Inglaterra no se lanzarán a la guerra para recuperar unas islitas pérdidas en un remoto lugar del océano Atlántico. Craso error por dos motivos: uno, porque los ingleses sintieron que su honor como nación beligerante y conquistadora estaba en entredicho; y dos, porque constituyo la excusa perfecta para los militares de aquél país para evitar que el presupuesto de defensa siguiera cayendo en picada. Además, Margaret Tatcher encontró en la impericia argentina la posibilidad de continuar en el poder y revertir su baja popularidad así como la de sus políticas neoliberales. Pero ese análisis constituye un capítulo aparte. El segundo error fue suponer que los EE.UU. se mantendrían neutrales ya que la Argentina era un aliado en América Latina y, por tanto, no saldrían corriendo a socorrer a sus antiguos amos. La posición de Argentina como garante del orden en el sur del continente eran no por razones de conveniencia política sino por las posturas ideológicas de sus brillantes gobernantes. Y justo por eso nunca existió la posibilidad que nuestro país terminará por alinearse con la otrora URRS a cambio de que estos últimos proveyeran armamento;
u Esta visión errónea de la reacción inglesa así como la sobreestimación de las posibilidades de que la diplomacia encontrará la solución al conflicto hizo que no se realizarán preparativos para enfrentar una guerra en gran escala. Una vez que se cayó en la cuenta los preparativos fueron apurados y faltos de coordinación y para muestra solo hace falta un botón: no se alargo la pista de Puerto Argentina para que pudieran operar aviones que permitieran una cobertura del espacio aéreo sobre las islas. Desde el día uno de la guerra el control del espacio aéreo fue británico. A su vez, la defensa se reconcentro en la capital de las islas, envolviéndola en una cerco estático en vez de tener una defensa móvil que permitiera, al menos, hacer el intento de evitar el desembarco británico en las islas;
u Otra vez desde el punto de vista militar el dejar la mayoría de las tropas de elite en el continente por una posible represalia chilena no tiene demasiada explicación. Tampoco lo tiene el replegar toda la flota de mar luego del hundimiento de uno de los buques.
u ¿Hace falta recordar que si se hubiera esperado unos meses las fuerzas armadas argentinas hubieran estado mejor preparadas (por ejemplo: se hubieran completado la entrega de los misiles Exocet por parte de los franceses), y la presencia británica en las islas hubiera disminuido considerablemente, además que uno de sus portaviones -el Hermes- estaba cerca de ser retirado del servicio activo?
u El tema de la falta de provisiones para las tropas tiene que ver también con la falta de previsión ya que escaseaban, más que alimento, vehículos de transporte y una cadena de mando flexible. Además la corrupción circundante a la entrega de alimentos y vituallas por parte de la población civil no deja de impresionar por su, dare I say it, IDIOTEZ.
El tema de los chicos de la guerra merece un párrafo aparte. No estoy para nada convencido que aquellos muchachos llevados a pelear tuvieran, en conjunto, un desconocimiento tan grande sobre los motivos de su presencia en las islas como se nos quiere hacer creer en determinados círculos. Supongo que había, como en los demás aspectos de la vida, gente de todo tipo, aquellos que no sabían donde estaban parados, los que no querían estar allí, los que querían estar allí con toda su alma en aras de ese algo que llaman patriotismo, y los que al estar en aquel remoto lugar le iban tomando cariño y deseaban defenderlo con su vida. Lo que si estoy en condiciones de afirmar que en conjunto aquel grupo de personas en aquellas apartadas islas que tan injustamente nos fueran arrebatadas dieron sus vidas y sus almas en defensa del honor nacional. Por eso me resulta profundamente doloroso el hecho que no fueran recibidos como los héroes que fueron: recibimos a una selección que salió segunda en una competencia deportiva como héroes nacionales y no fuimos capaces de ver en nuestros jóvenes muertos, y en aquellos que los sobrevivieron, la hidalguía de una gesta titánica que, mas allá de las ideologías, deberíamos haber honrado, no veintipico de años después sino en aquel momento.
Dos aclaraciones que considero dignas de hacer:
- Creo que lo que más se hizo evidente durante el conflicto es que nuestro país y nuestro pueblo es pacífico, no es amante de la guerra para resolver las disputas, no vimos la resistencia sino como un último recurso. Imprevisión o no, eso dice algo de nosotros como sociedad. Aunque no estoy muy seguro de poder descifrarlo.
- A mi entender (y no soy el único) la Guerra de Malvinas fue la última guerra convencional que tuvo lugar durante el siglo XX: se enfrentaron dos ejércitos en batallas que pusieron a prueba la maquinaria militar y táctica de ambos países, en un terreno acotado, sin nunca poner a la población civil de por medio, salvo en contados errores lamentados por ambos lados (la explosión de un misil inglés proveniente de un barco en una edificación civil en la capital de las islas), y, aunque ocurrieron desmanes de ambos lados, reconocidos y probados, asesinatos sin causa y muertes evitables, hay que reconocer que los combatientes se trataron con el respeto que se merecen soldados en defensa de lo que creen sagrado, fuera la propia vida, la de sus compañeros o el honor nacional mancillado. Un homenaje entonces a esta gente que dio sus vidas por aquello que creían o por lo menos que dio sus vidas.
Seguramente habrá gran divergencia de opiniones acerca de lo que leyeron más arriba. De hecho, el primero que lucho consigo mismo al escribir, que trato de hace equilibrios entre sus múltiples opiniones y sus sentimientos más caros es quien esto escribe. Es un tema espinoso que me toca en lo más hondo como una patada en la espinilla. Así que, amigos lectores, sean amables conmigo.