sábado, noviembre 25, 2006

Anarquicos muchachos

Como cualquier quasi escritor que se precie, en algún momento ha cruzado por mi mente la idea de escribir una novela "generacional", una que refleje a toda mi (nuestra) generación. Hay una pregunta que, sin embargo, subsiste y me detiene: ¿Qué es una generación? ¿Qué la define? Y, más al punto, ¿somos una generación?

No estoy seguro de tener respuestas a estos interrogantes pero si puedo llegar a esbozar lo siguiente: Resulta obvio que aquello que convierte a una masa informe de personas es una generación hecha y derecha es el compartir un imaginario social (más aún que las similitudes en edad o compartir un lugar geográfico) (gracias Esther Díaz), un acervo de ideas que los aglutine. A nosotros (más de 20, menos de 30 y algo) nos une programas de TV, música, usos y abusos del lenguaje, modas, ideales (o falta de). Los Looney Toons, Mazinger, la Ola está de Fista, un montón de novelas que prefiero no recordar. "seguime Chango, seguime", Mac Gyver, Lobo del Aire, Brigada A, Alfonsín y "con la democracia se come, se cura y se vive", C.S.M., CQC, Diego, "y dicen que soy aburrido", "que linda noche para fumarse un porrito" (versión libre por problemas de memoria... los efectos del humo), Rolling Stone (la revista), bienvenida, venida y estadía de Internet, Hotmail, Messengewr y demás tecnologías, cassettes, CDs, MP3 y DVDs, y largos etcéteras que la falta de espacio y de imaginación me impiden escribir, pero creo que la idea (o la base) está.

Pero, por otro lado, nos separan diferencias de clase, culturas y los clásicos antagonismos nacionales del tipo Boca/River, Peronista/Radical, hasta llegar al borde del ridículo con Coca/Pepsi. Estos contínuos tironeos confunden y terminar por anarqizar las individualidades, en donde mis gustos son distintos y mejores que los de los demás.

Entonces, ¿qué nos queda? ("eleccion o reeleccion/para mi es la misma mierda"). Evitando el sociologismo más no la ideología diré que permanecen un conjunto de individuos, los cuales (a veces, algunos) intentan pensarse como generación. Pero hay que hacer mucha fuerza para pegar los pedacitos que pululan por ahí. Si quisiera caer en la obvierdad diría que lo resquebrajado se termina por romper durante el estallido del 12/2001. No es lo que pienso, sin embargo. Más bien nunca existió un entero, sino tan sólo pedazos que no pertenecen (por lo menos aquí, por los menos ahora) juntos.

You can kill me now.

martes, noviembre 21, 2006

Excruciating

Love can be so cruel sometimes
dark and moody
crawling to the light
waving from ten miles.

And away we go
we all
as chasing a knight
thorugh fields
and skies

No matter where you go
there you are
moveless
timeless

Thin like this page
like a charcoal tear
fallin' down my cheek

This lump in my throat
this bitter taste in my mouth
will not stop me
from yelling my truth to you

Love can be cruel sometimes...
It doesn't matter
never has

(So why this excruciating pain
is ripping my heart apart?)

sábado, noviembre 11, 2006

Marcas ortográficas

Después de meditar largamente sobre la cuestión decidí hacer una declaración. ¿Nunca se dieron cuenta como cambia de tono la conversación, lo que uno quiere decir, significar, al variar las palabras? Esto se ve largamente cuando uno se enoja con alguién, en una pelea, donde hay que ser muy cuidadoso con lo que se dice, porque después las palabras vuelven en forma de "¿realmente pensas eso de mi?". No es lo mismo decir "sos una pelotu**" , o "bolu**" o "tarada" que "anda a la con*** de tu madre, hija de p**a". Diego más, no es igual decir "morite" que matate", porque la primera implica que el deseo es que se muera por causas externas mientras que el segundo habla de un acto de voluntad: matate, si querés.
Esto ocurre también en las relaciones amorosas, más que nada al comienzo. "¿Querés ir a tomar algo?" o "hacer algo" no es igual que "¿querés que nos encontremos?"
Pasa lo mismo cuando escribimos: no es igual "Y Dios dijo: Hagase la luz." que "Y Dios dijo hagase la luz", más que nada porque la segunda esta mal... pero creo que ya hable de esto.

miércoles, noviembre 08, 2006

Juan Pablo Bochatón - "Lejana"

Descubrí el disco "Lejana" de Juan Pablo Bochatón (hermano del ex Peligroso Gorrión Francisco), en donde este cantante, luego de que le robaran todos los instrumentos, regresa al primer amor: el piano, y a partir de este construye un disco melancólico y, sin embargo, luminoso, de sabado a la mañana. La perlita: Il mio cuore te adora, la cual canta mitad en español y mitad en tano. Cuando dice "Io sono e tano molto calentone" (creo que se escribe así) uno no puede evitar tirarse al piso a reirse por la maravillosa ocurrencia (un poco de licencia poética, che).
¿Hace falta que aclare que lo recomiendo con toda el alma?

Reincidiendo: Gigantesca Orquesta

El pasado Sabado fui al ND/Ateneo a mi (nuevo) ritual anual de ver a Pequeña Orquesta Reincidentes. No necesitan presentación, son como la fe: aquel que la tiene (conoce) no necesita explicarse, y aquel que no la tiene (no los conoce) no va a entender nunca.
A pesar de variadas y pesadas preocupaciones no pude menos que dejar de maravillarme ante la fuerza poética de alguna de las canciones, o quizas debiera decir fuerza artística, porque hay que aplicarla al conjunto musica + letra + respuesta del público. Casos en cuestión: las canciones "Desconsuelo" (del primer CD como Peq. Orq.), "El Duelo" (de "Tarde" ), "Mi Suerte (disco homónimo, donde el público se animo a seguirlos con timidos aplausos), y las maravillosas "El Egoista" y "Miedo a la Oscuridad" (que alguna vez me inspiro un cuento el cual, algún día y con muchisima suerte, verá la luz).
Una banda inclasificable que jamás termina por alcanzar su cenit.

Modernos divagues

“La vida moderna tiene más de moderna que de vida”
-Mafalda

La vida cotidiana no deja lugar para la introspección. Cómo vamos a pensar en el mundo que nos rodea, el pasado y el futuro, con cierto grado de lógica, si tenemos que ocuparnos de sortear las escollos que nos impone la intrincada realidad que nos rodea. Una avidez de consumo reemplaza la sensación de estar vivo: una ecuación en la que el signo igual es aterradoramente tranquilizador, consumo = vida. El hecho de empujar con nuestra manito la pesada rueda del capitalismo para que esta siga girando como antaño (iba a escribir “como siempre”, pero implica una eternidad frente a la que no estoy dispuesto a doblegarme todavía). Es más, ahora caigo en cuenta que al hablar de “capitalismo” estoy escondiendome detrás de la gran excusa para todo, el agujero de ñandu de la vida moderna, en el interior del cual todos los males son echados y revueltos para sacar de él la GRAN EXPLICACIÓN que supone iluminará la desgracia mecanizada en la que se ha convertido nuestra vida. La verdad descarnada es que una bolsa de gato que simplifica lo infinitamente complejo. Se me dirá que también yo me escondo tras el relativismo de la última frase. Puede ser, y lo peor de todo es que es inevitable. Una gran teoría social que abarque toda la vida es una inmensa quimera. No tanto porque sea imposible per se sino porque la realidad se ha vuelto tan dispersa, inahaprensible si se quiere, a partir del incremento de la demanda. Cuanta mayor cantidad de productos (en sentido amplio, se entiende) haya a disposición del consumidor, mayor la probabilidad de satisfacer una necesidad (presumiblemente) insatisfecha. Esa es la “belleza” del asunto: el capitalismo, esta vida económica en la que nos encontramos inmersos, crea la insatisfacción pero también los medios para satisfacerla. Cut the cake and eat it too.
La esfera pública, la discusión política[1] ha sido reemplazada por un montón de boberias, datos en los que nadamos diariamente, inconexos en los que el mundo del espectáculo y de la política son escalofriantemente similares. Se ha hablado de la política del espectáculo, y no podría ser más cierto. La confrontación de personalidades en lugar de la discusión ideológica (la cual prefiero incluso con su carga inherentemente negativa), y mientras en el transcurso del siglo pasado habitualmente este intercambio cuasi positivo se vio reemplazado por lealtades más o menos erroneas, hoy en día ha dejado lugar a la bulla entre aparatos, showman vs. showman (celebrity deathmatch), donde la masa guía a la masa, encuesta mediante.

Sobre este tema hay mucha tela por cortar aún pero prefiero dejar acá, más por pereza que por otra cosa, no sin antes citar a Max Weber, que resume en un par de líneas lo que yo no podría decir en un millón:
“Es el destino de nuestra época, caracterizada por la racionalización, por la intelectualización, y sobre todo por el desencanto del mundo, en la que precisamente los valores supremos y los más sublimes han dejado la vida pública para refugiarse ya sea en el reino extramundano de la vida mística, ya en la fraternidad de relaciones directas y recíprocas entre individuos aislados.”
29/10/2006
[1] En el sentido original de polis.