sábado, octubre 28, 2006

Asesinos sin Rostro


Libros del Mes: No es acerca del mejor libro, ni del más publicitado, sino del que tuvo la suerte -o la desdicha- de terminar en mis manos, previa erosión de mi atribulada tarjeta de crédito:
Fueron tres. Aquí va el primero.

Asesinos sin Rostrode Henning Mankell, Editorial Tusquets.
Es el libro que abre la saga del detective Kurt Wallander y lo hace de manera correcta. El caso y la intriga están correctamente planteadas, y sirven en gran medida para acentuar los tonos de grises del personaje en cuanto a su actitud y opinión frente a los extranjeros que ingresan sin cesar a Suecia (la historia ocurre en 1990, cuando ya había colapsado el bloque sovietico había colapsado, dejando tras de sí un tendal de desorientadas personas que fueron en busca de su destino en otros países -incluso el nuestro-). Mientras que la primera es PC (políticamente correcta), la segunda es ambigua, donde objeciones prácticas lindan peligrosamente con el racismo, aunque nunca llegando allí. El final del libro no da respuestas sino de manera sútil con respecto a la opinión del autor, aunque quisiera inclinarme a pensar que el mismo se debió a necesidades dramáticas más que a otra cosa (como no quiero estropearle el desenlace a nadie solo diré que conviene leer la breve biografía del autor que figura en la solapa).
El detective Wallander siente una inmensa desazón ante un idealizado pasado que ya no volvera, y que va dejando su lugar a un presente ominoso, donde los peligros del capitalismo de masas (drogas, delincuencia en aumento, violencia al azar) va impregnando todos los rincones de su país. Su idealización del pasado incluye su propia historia: un matrimonio que termino por desmoronarse, una hija suicida, una padre que esta al borde de la senilidad. Él detective provoca nuestras simpatías desde el comienzo, pero incluso él comete errores garrafales, propios de una persona común y corriente y no un personaje que termina por humanizarlo.
Podría parecer por todo lo antedicho que me gusto la novela. No estoy tan seguro. Debo decir, sí, que una vez que entre en el mundo, en el juego que propone el autor, no pude cerrarla por mucho tiempo. Perdí horas de sueño por llegar al desenlace. Y, aunque satisfactorio de alguna manera, la impresión más fuerte que me lleve fue de una artificialidad cercana al deus ex machina, de una historia que no terminaba por cerrarse y que termina resolviendose de manera demasiado repentina. Esto ocurre también con el drama personal del personaje principal, ya que su vida termina estabilizandose, eso sí, en el denominador casi más bajo. Habrá que leer la novela siguiente para ver si tanta artificialidad no es solo una puerta abierta para continuar la odisea familiar y suburbana de Wallander.

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