Retroremix pasadológico
¿Cuándo la fascinación se convierte en culto? Fácil: cuando igualamos limitaciones tecnológicas con alma. Pienso en mi vieja Commodore 64, que tantas alegrías me prohijo además de ser mi particular puerta a la computación en gral. y a la programación (en BASIC -acallen los abucheos, please!), aunque nunca llegue a nada con ello. Conviene mencionar que esa C=64 la tuve a mediados de los '90, o sea, BIEN pasada de moda pero fiel a las posibilidades económicas de mi flia. Más allá de las chanzas de aquel tiempo, fui un espectador privilegiado de las postrimerías de una época y el comienzo de otra: la llegada arrasadora de las PC modulares.Entonces remixaba nuevas prácticas con viejas tecnologías: la celebérrima C64 trataba de mantenerse a flote. Teníamos emuladores de Spectrum, C128, Amiga, PC IBM. A través del código y la programación intentaba, en vano, de permanecer en la cresta de la ola:el sólo hecho que requirieran emuladores de otros equipos indicaba ya la debacle, el cambio de preferencias en el gusto del público.
Además era yo el féliz poseedor de revistas (seudo) especializadas que enseñaban a programar, juegos y utilidades caseras de contabilidad. Las revistas más tremebundas y emocionantes proponían juegos realmente complejos (usualmente las yanquis, me viene a la memoria una de nombre "Run", o algo así). O sino joysticks caseros. O artefactos de rejunte que servían para manejar interruptores de energía:el sueño del hogar computarizado a la manera ochentosa.Una concepción mucho máas personalizada y cercana de la computación, donde todavía podíamos tener el control de nuestras maquinas, comprender como se movian sus engranajes.Esta frase me retrotrae a esos libros de computación que enseñaban a programar Basic, o explicaban el código maquina como si de aprender un idioma extranjera se tratará. Mezclabamos cables, circuitos lógicos y largas frases en Basic que eran autoevidentes. Estabamos de este lado de la Matrix, y ahora estamos del otro. Lo que controlabamos ahora nos controla.
Era, en fin, una forma de controlar con la retórica lo que se perdía en el ámbito tecnológico: como salvar un matrimonio que se cae a pedazos cotidianamente con cartitas de amor. Tapar el sol con la mano, una marcha no transmitiéndola. Si estamos ganando, entonces no estamos perdiendo. Pero una batalla no es la guerra... y sino mirén esto. Y esto:)

1 comentario:
Es el tipo de narrativas que necesitamos: la memoria afectiva de la experiencia personal en pleno desajuste con el tantas veces prepotente discurso de los medios. ¿O acaso gran parte del tan preciado Low Fi no se produce en esta brecha? Entre la Commodore 64 de los medios y la tuya se extiende un buen perímetro para analizar, remixar y reutilizar. Que las autobiografías disientan es un buen principio.
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