La persona y la guerra
Acerca de Los viajes del Penélope, de Ricardo Herrscher (Buenos Aires, Tusquets Editores. 2007):"¿Qué hay en los libros esos que son mucho más que palabras?"
No estoy seguro si esta frase la pensé o la leí y luego decidí apropiarmela, como suele ocurrir. Una noche de mayo, termine de leer por segunda vez este bellísimo libro que rezuma humanidad. Imaginarán ustedes que un libro que provoca los sentimientos de tal manera no tiene otro destino que una reseña en este lugar. Pero, sin computadora cerca y sin poder resistirme, decidí dejar constancia de mis pensamientos desvelados y tristes:
"'Subordinación y valor, para defender a la patría' suena a ceguera, a incondicionalidad mal puesta, a cobardía implícita. Pero en la gente correcta refleja quienes somos y porque estamos aquí. Y, después de todo, eso es lo que importa. Me llena el corazón ese orgullo inapelable de ser argentino, no porque seamos mejores que nadie sino porque no somos menos. Hoy, en está mustía y tan viva habitación de pensión, no puedo más que sentirme feliz por haber compartido con esta gente parte de su historia. (17/05/08 - 3.30)"
No se si podría ser objetivo en una posible critica, por lo que ni siquiera hago el intento. Puedo decir que el libro no muesta a la guerra como un todo, como objeto de estudio, sino que revela detalles de la gente en la guerra, lo que cambia y lo que no, las miserias y también las pequeñas grandezas. Pinceladas de un artista que retrata a su vez la posguerra, como afecto a los protagonistas, y también la falta de entendimiento de aquellos que lo miran desde afuera. Es raro hoy, época de frases grandilocuentes, que se igualen sin hacer distinción ni valorizaciones, los interéses y las pasiones que dominan a los seres humanos, sean estas la nacionalidad, el patriotismo, o simplemente un barco o un guiso.Gracias Ricardo Herrscher por compartir estas experiencias y regalarnos un despliegue de sútil arte sin parangón, en donde lo más delicado de todo es la falta de afectación del que escribe.

2 comentarios:
Casi me infarto, creí que habías abandonado el blog.
Nunca esa carta.
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