sábado, agosto 29, 2009

¡¡¡Te odio!!!


Odio los lockers de los supermercados/musimundos/etc... nunca tengo monedas y sino pones el bolso/mochila ahí te mirán feo. Y si les vas a pedir monedas para el locker, te dan de mala gana, como si estuvieras cometiendo un delito. Mensaje a los dueños de estos engendros de Satanás: los lockers son de uds., che, y por eso si no les gusta el tema de las monedas, den fichas. O banquénsela y usen unos sin monedas, como los de los super chinos (que dicho sea de paso, casi todos suelen estar fuera de servicio). O, mejor aún, no usen lockers y punto.


Como dije, odio los lockers. El motivo: siempre me olvido las monedas que puse, y después me faltan para viajar.

lunes, agosto 10, 2009

El tempranero

Nunca voy a entender a las mujeres. Se que no estoy diciendo nada nuevo: Nos pasamos la vida tratando de entenderlas y lo mejor que logramos es cara de Homero pensando.


Nunca están contentas. Con nada. Lo sabemos. Lo entendemos. Pero, por favor, ¡cómo cuesta!

Para muestra basta un botón. A continuación, dialogo vía sms.

"Salgo del gimnasio tipo 15 hs. Nos vemos ahí."

Yo, tratando de ser puntual, 15.03 estaba ahí.

Sms: "Ya estoy acá."

La respuesta fue antológica: "Por qué siempre tenés que llegar tan temprano?"


sábado, mayo 23, 2009

Estoy probando Ping.fm, si funciona... si funciona las aguas se revolucionan!!!!

domingo, mayo 17, 2009

Signos de una época

Concurrí, después de varios años, a una misa católica que se llevo a cabo en la iglesia del lugar donde crecí, Burzaco, una localidad ubicada en el extremo sur del Gran Buenos Aires. Fue una soleada mañana de domingo otoñal, y no pude dejar de asombrarme ante la preparación que ponía la gente en su aspecto físico. Iba allí a mostrarse, a reconocerse, a sentirse parte de algo más grande que ellos mismos.

Ya de camino a la iglesia, pude ver personas que, a partir de esa sociología de entrecasa que cualquiera hace en la calle, deduje se dirigian a participar de la ceremonia. Las ropas, un modo de caminar que decía "estoy cumpliendo con mi deber", las caras relucientes, me lo indicaban. Ya en la plaza que está frente a la sede parroquial había una treintena de personas en corrillos de tamaños varios, algunos charlando, otros viendo las artesanías que se ofrecían sobre las mantas, o tan solo observando el ir y venir. Como yo.

No pude evitar reconocer rostros de antaño. Más ajados, si, pero demostrando que la religión superaba al tiempo y los achaques. Estamos hablando, despues de todo, de una iglesia que tiene más de 1000 millones de bautizados, según datos recogidos en la Wikipedia.

Una vez adentro, reconfortaba el hecho de estar junto a tanto calor humano, estar dentro de una comunidad, que sin embargo no lo es sólo por compartir. Pero lo parece. Y otros signos exteriores apoyan la idea de comunidad: lo pálido de las prendas de vestir, lo chato de las conversaciones y lo regular de las costumbres religiosas dentro de la Iglesia: Entro, hago la señal de la cruz, y a mi asiento. Luego el sacerdote, vestido con casulla blanca y cubierto por una estola de color verde, adornada con detalles dorados, hace su ingreso, acompañado por dos niños, sumisos, bien peinados, callados.

La celebración refuerza el carácter ceremonial y antiquismo del asunto. -Que Dios esté con vosotros -dice el cura. El gentío responde: -Y con tu espíritu. Todo es así, como buenas ovejitas que somos, seguimos al líder. El único momento en el que el sacerdote "baja" a la tierra es cuando llega el momento de rezar el Padrenuestro: Todos juntos y tomados de las manos aunque, eso si, sin mirar al de al lado, no sea cosa que se le resquebraje la mascara. Y esto sigue cuando llega el tradicional "beso de la paz". Una especie de haz bien sin mirar a quien, pero carente de cualquier sentido. Ni emociones y menos aún ese reconocerse en el otro que trae consigo el saludo sincero.

Todo resulta falso, impostado. Y, sin embargo, al momento de comulgar, dudo. No estoy confesado. Y si no estoy confesado las leyes eclesiales dicen que no soy puro para recibir "el cuerpo de Cristo", ya que no estoy en "estado de gracia". Nada tiene sentido pero también necesito ser parte de una comunidad, aunque sea imaginada, porque, después de todo, ¿no lo son todas?

El evento termina con todos cantando una canción de cuya letra prefiero no acordarme, pero que tenía, eso si, muchos "hosanas en las alturas". El cura sale a la calle para llevar la buena nueva al pueblo, y su pueblo lo sigue... solo hasta la explanada de la iglesia. Hasta ahí llego mi amor. Después, tasa tasa, cada uno a su casa. Cada uno por su lado, y sin mayores pensamientos que el almuerzo o las actividades de la semana que entra.

"Dios es mi pastor, nada me falta," dijo el cura durante la misa. Si nada es real para mi, lo mismo le debe ocurrir a muchos de los concurrentes a las misas dominicales. ¿Entonces? La iglesia, nuestra religión, es un signo de quietud y beatitud ante lo cambiante del mundo. Si los significados están cambiando todo el tiempo, necesitamos signos perennes, y fieles a si mismos. O que, por lo menos, aparenten serlo.

viernes, mayo 08, 2009

Nativos y analógicos




Recien salgo de la presentación que Alejandro Piscitelli (AP) hizo de su libro "Nativos Digitales", de la que y del que ya escribiremos in extenso. Pero algo resalto e ilumino un recuerdo. Alejandro señalo que el libro (su libro, no los libros en general) era, a pesar de sus múltiples conexiones con lo digital, extremadamente analógico. Y es así, vivimos en dos mundos. Hace más de un año, Horacio Lotito me presto el anterior libro de AP, Ciberculturas 2.0. Habitualmente leo los libros mientras viajo. Una tarde, viajaba en subte, y una chica me miraba mucho... pero mucho. No pude sino sorprenderme. La chica se levanto y encaro hacia mi, al tiempo que el subte se detenía en la estación del shopping Abasto.

- ¿Me dejas ver el autor? -me dijo.
Anonadado, flabberglasted, levante el libro para que copiara el nombre. Y no atine a siquiera pedirle el teléfono.

Más allá de lo colorido de la historia, podemos ver como lo digital y lo analógico se entrecruzan a través nuestro, cuasiobjetos de cuasisujetos.

Volver a mi

Volvimos, ya no esperamos ningún vendaval, de nuevo todo es posible. Espero disfrutemos de está segunda parte de algo que nunca termino.

viernes, enero 09, 2009

Un mundo nuevo, una vida corta

¡Oye, causa! Es la frase que vengo oyendo estos últimos días.

Vacaciones en Perú, ¿quién lo hubiera pensado?

No hay detergente liquido (excepto en los supermercados), sino que se utiliza una especie de Odex; el pan se vende por unidad a 10 céntimos; al taxista se le regatea el precio: un viaje de $10 te termina saliendo 4 soles (sl.).

Conocí la Lima virreinal, mucha gente, un morro desde el que se ve toda la ciudad: San Cristóbal. Pero el camino es feo, sin baranda y muy empinado. Cuentan que el año pasado se cayó un taxi sobre el techo de una casa.

Hay pocos semáforos, y el tránsito es desordenado, pero más lento y -tal vez- más seguro. Practicamente no hay colectivos como los nuestros, sino pequeñas combis, a las que llaman "combis asesinas", porque los conductores manejan muy rápido. En la puerta hay un cobrador que dice los destinos del vehículo como si su vida dependiera de ello: "todo derecho por Arequipa, Miraflores, Chorrillos..." y así. Imaginen ese grito y el de "suban, suban" durante todo el viaje. Pintoresco.

Hay puestos de ventas callejeros por todos lados, que venden de todo. Son como pequeños kioskos, aunque también hay los que venden jugos naturales, pollo frito, chicha morada casera, y otros menjunges raros.

Pollerías son como pizzerias: una por cuadra. Y muchos "chifas", que es el criollo para chi fan (que significa "comer arroz"), donde se vende comida china, en su versión peruana. Resulta que a mediados del siglo XIX, de acuerdo a una nota publicada en el diario peruano "La República", el 15/10/2005:

"Los chinos empezaron a tomar el centro en 1855, cinco años después de haber llegado al país bajo el sistema de contrato de trabajo. (...) Cuando se les acabaron sus contratos se juntaron y alquilaron una casona en la calle que ahora se llama Billinghurst, a media cuadra de la calle Capón. Precisamente él, cuando era alcalde, en 1909, la demolió, tal vez pensando que así dejarían el centro los chinitos que se fueron multiplicando por decenas. (...) Los chinos adecuaron su comida para el gusto criollo y comenzaron a cocinar, por ejemplo el arroz chaufa. Y los peruanos también han usado productos, como el sillao para el lomo saltado. (...)Después de la comida criolla, el chifa es la comida que más éxito tiene en el Perú. Como prueba de ello, dice que hay alrededor de 5 mil chifas solo en Lima. Y solo hay un Barrio Chino, pero no hay barrio italiano, ni alemán, ni de ningún otro país."

Hablando de periódicos, una novedad para mi cerebro periodístico: los diarios "chicha", que según leo, es para la gente de bajos recursos, un divertimento pueril como los programas de chimento. Al lado de estos, el canal de las placas rojas es un poroto. Se comprán a 50 céntimos (0,50 sl.) y los hay a montones. Con esos valores los sueldos no pueden ser muy buenos y los periodistas, por tanto, influenciables. Pero ésta, claro, es una opinión muy personal.

La ropa, cambiando de tema, es bien barata y de muy buena calidad. Un par de zapatos tipo Caterpillar salieron 80 sl. y un pantalón tela Pampero 30. Eso si: los lugares donde se compra -Shopping Gamarra (a cielo abierto)- son peligrosos y conviene hacerse acompañar por algún local.

La vida es más barata que en Argentina, pero, como suele ocurrir, los sueldos son más bajos: un encargado de supermercado, gana 600 sl. ¿Quién puede vivir con eso? Ni para el alquiler alcanza, así que no tiene otra opción que vivir con sus padres.

Los dejo con lo que más me gusto de la música criolla peruana, representada por uno de los mejores exponentes en la actualidad: Eva Ayllón.


Nota al pie, de algo de que conocia: Inciclopedia es la versión en español de Uncyclopedia. Es una wiki humorística para toda la comunidad de habla hispana. Se compone de artículos supuestamente enciclópedicos, solo que en tono humorístico y a modo de parodia.