lunes, noviembre 19, 2007

Un hombre bueno

Yo era un hombre bueno, si hay alguien bueno en este lugar.
Pagué todas mis deudas, pagué mi oportunidad de amar.
Sin embargo estoy tirado y nadie se acuerda de mí,
Paso a través de la gente como el fantasma de Canterville.
--"Fantasma de Canterville", Sui Generis


El viernes 2 de noviembre, a las 9.40 de la mañana, falleció mi abuelo, don Juan De Toma. La profunda tristeza que me embarga todavía es inenarrable. Hablo de esa tristeza que se instala en el alma como sedimento en el fondo del río, y ahí se queda por el resto de nuestros días. No puedo sino repetir las palabras escupidas, forzadas, arañadas, por mi padre al momento de despedirlo:

Fuíste un hombre bueno, y nadie te puede quitar eso ya. Para todos fuíste don Juan o Juancito. Trataste de enseñarme a ser un hombre de
bien... fuíste un hombre bueno.

Y si tarde tanto en escribir es porque no podía escribir otra cosa si no empezaba esta lucha contra los demonios de la muerte. Esos demonios son los que me han tenido de remembranza en remembranza, desde aquél momento fatídico cuando llamo mi hermana con la voz quebrada hasta hoy en que la garganta se cierra, el estomago se hace de algodón y cuesta enfocar la vista.

Los recuerdos conspiran contra la escritura. Probablemente la imagén más bonita que tengo de él es aquellos días de semana, allá un verano a finales de los '80 (o comienzo de los '90), cuando me dejaba acompañarlo a su trabajo. Salíamos temprano, cuando el sol no termina por despuntar, señal ineludible de la aventura por venir. El destino era el Mercado Central (de Bs. As.) donde él, por esas idas y venidas de la vida, había recalado como encargado de un puesto que vendía frutas en consignación.

Como decía, salíamos temprano y sin desayunar, porque en el subsuelo del edificio central de la administración del mercado había un pequeño bar al paso donde prepararse para comenzar la jornada. Sentado en un banquito, en la barra, disfrutaba en silencio mi submarino mientras él se preparaba para lo que sería el remate. Que en aquellos tiempos, todavía, se llevaba a cabo en las espaciosas salas dentro del mentado edificio administrativo. Para que se den una idea, piensen en una de las aulas magnas de Ciudad Universitaria, multiplicada por cuatro (aunque usaban un pequeño lugar entre las butacas).

El remate propiamente dicho ya empezaba cuando a la entrada tomaba los papeles de las distintas productoras, esos donde se ofrecían las distintas mercaderías, en un código clave que en esa época no llegaba a descrifrar. Acto seguido una pequeña función de bolsa de valores en escala micróscopica. "4 al 100, 4 al 100", "25, 25, 25", "y cierra en...", y gritos de ese éstilo que no logro evocar con precisión. En esos tiempos todavía los celulares con cámara no pertenecían ni al terreno de los sueños así que debo confiar en mi imperfecta y falible memoria. Aunque, debo notar, que mi abuelo tuvo unos de esos celulares gigantes tamaño cachiporra. High tech, en esos años.


Continuará... hasta que se me acaben las palabras.

6 comentarios:

Jorge dijo...

Sebastian es muy bueno recordar las cosas tan hermosas que nos dejan en el alma nuestros seres queridos y que decir de un abuelo, vale la congoja y todo lo que eso trae, eso nos conecta con nuestra historia de vida, paso a paso, y asi seguimos caminando, un emocionante recuerdo, gracias por compartirlo
Jorge

La Incondicional dijo...

Por lo que ha provocado en vos, veo que el paso por la vida de Don Juan no ha sido en vano.

Sol dijo...

Qué bonitas letras estas 'dedicadas' a tu abuelo. Ayuda mucho vertir en tinta las agonías físicas y mentales de una pérdida. La descripción de tu dolor en el primer párrafo me ha dolido a mí también, a mí que vivo esperando con pánico el día en que yo tenga que doler así.

Tu abuelo aparte de haber sido un hombre bueno, fue un hombre lindo. Tiene cara de honradez, de hombre sencillo, sólido, directo. Gracias por compartir eso con nosotros.

Un abrazo muy grande Sebas. Y que sigan las palabras.

Sebas dijo...

Jorge: Gracias, como siempre das en la tecla de las cosas.

Incondicional: En más de una manera.

Sol: Es bueno saber que la cara dice la verdad sobre uno todavia. Y no te preocupes, que hay màs de estas "letras" de donde vinieron estas.

Anónimo dijo...

Hola, sebas. Bueno que te puedo decir, ya que la trasmisora de las malas noticias fui yo, y vaya si tenia la voz quebrada.
La verdad fue la 1º vez que me paso algo asi, pero que me tocara tan, pero tan de cerca. Ya que tampoco somos tantos de familia directa.
Shockeante situacion la nuestra. Mezcla de sentimientos. Me resulto un poco mas agotadora, y a que me vi muy pendiente todos y cada uno, pero si senti un piedra caer sobre mi en el momento que me subi al auto para regresar a bsas.
Bueno demasiado por hoy. Solo quiero que separ "querido JUAN" que siempre me vas a acompañar y como bien dijiste en mis sueños, "sea como sea nena yo voy a estar con ustedes el 7" ... y yo se que asi va a ser.
Vos fuiste, sos y seras *Mi Unico Abuelo*
Gracias por habernos inculcado, a unos mas que a otros, tus valores.
Aca tenes tus frutos!
(gracias, sebas x el lugar que me das)

Sebas dijo...

Sil: se me atraveso la vida en la garganta cuando lei tu comentario.