lunes, junio 25, 2007

Error 404

Teniendo en cuenta el resultado de las elecciones porteñas se cumplirá la vieja máxima del querido José Pablo Feinmán: “un pequeño burgués molesto es un fascista en potencia” (o algo así). Además uno vota como compra. Votamos como cuando vamos al súper, miramos el packaging, la textura, el color, si es lindo o feo y si parece simpático. Todos puntos a favor de Monty Macri. Como bien me recordaron días pasados, un dirigente del PRO dijo que la gente precisaba sensación de seguridad. Todo tiene que ver con los sentimientos. No importa si realmente está más o menos seguro, sino que se sienta seguro. Richard Senett se hace eco de está nueva forma de concebir la política, más asociada a los sentimientos, al teatro, al espectáculo en tanto fenómeno mediático. El político aparece en las revistas del corazón, o de banal actualidad, donde lo que importa es que hace en su tiempo libre, donde compra y con quien vacaciona. Las ideas, bien gracias. La gente ya no quiere ideas, quiere hechos. Por eso el evidentemente incapaz Jorgito Arbusto sigue al frente de los Stati Uniti, don Nicholas Sarkozy ganó tanto las elecciones francesas como el fervor de los intelectuales, como Luc Ferry que dijo que “el capitalismo es la revolución permanente”. Joder, Marcos Aguinis saco su libro “el atroz encanto 2” justo con la elección, es profundamente crítico al gobierno y está abiertamente en favor del lema de la derecha “progresista” (Santiago de Estrada dixit) de nuestros días: PAZ Y ADMINISTRACIÓN. Queda ver para quién pacifican y qué es lo que administran.
Es inevitable relacionar esto con las ideas de mi amigo, mi hermano casi diría, Mazinger XVI. El hermano Benedicto ha pasado de la filosofía de la acción a la enumeración de las catástrofes que ha provocado la era de las Luces y la Razón y por tanto, como un mal menor, propone el regreso a la religiosidad. Le niega también el atributo de lo verdadero al discurso científico, y más allá de que esto sea una verdad acotada de la que ya hablo Bruto Latour y sus “fuerza de los argumentos”, al convetirlo en un mero discurso (lo mismo hace Bush con las teorías darwinianas de la evolución). Probablemente este relativismo que le da la razón (con minúsculas) a la Biblia le quita a la vez su condición de verdad ontológica y la convierte en una relativa equiparándola tanto con la verdad “científica” como la de las otras religiones. A la vez apela a los hechos catastróficos de la modernidad y la, según el, condición estabilizadora de la Iglesia Católica. De nuevo lo importante son los hechos (relativos a cada ser humano y su mirada) y no las ideas, ni siquiera las teorías. A estos (a los hechos) les falta una causa primera, que ocasione todo lo demás, y por tanto Dios se convierte por una operación metonímica en un hecho, no constatado por supuesto porque los hechos no precisan ser constatados: son hechos. Ahí es donde entra la fe que el BIEN (de acuerdo a la concepción de cada uno, creada a partir de eso que llamamos “sentido común” y que tantos equívocos -de orden lógico- provoca) terminará por triunfar. La política y la religión apelan hoy a ese sentido común y a partir de eso construyen su discurso. El asunto es no olvidarse que son sólo palabras, que los hechos se construyen (sin embargo) a partir del discurso. Pero, más aún, no hay que olvidarse que el poder sigue siendo el poder y que el viejo axioma del General, “la única verdad es la realidad”, sigue siendo un silogismo (universal y afirmativo, teniendo en cuenta que el General nunca se equivoca y siempre apela a los compañeros) en busca de la premisa faltante. Wrong!: Razonamiento no válido, chicos, o, si yo fuera un moderno diría “Error 404”.

1 comentario:

De La Hoya dijo...

Recuerdo un debate entre Bielsa (Rafael y por ese entonces candidato para jefe de gobierno) y Macri:

—A vos el único derecho que te importa es el derecho a la propiedad privada–ataca Bielsa-

Macri responde

—Efectivamente. Y como a vos no te importa, me vas a regalar tu auto. A ver, dáme las llaves.

No sé muy bien porque pero desde entonces una de las pocas certezas que me arroja el panorama político es que la figura de Macri está en un ascenso imparable. Otra certeza es que la política es, ahora, asunto del marketing.

No debería hacer falta aclarar que Macri es el anticristo. Pero a las brujas también se las quemaba en nombre de valores nobles. Poco ayudan los afiches con la cara de Teresa Parodi, Victor Heredia, León Gieco, Florencia Peña (¿?) para entender por qué tipos como Macri deberían, por el bien de todos, mantenerse lejos de la administración pública. Peor aun es la prosa de acusaciones oblicuas.

Y Macri, un subnormal, sólo puede existir para ocupar ese lugar que le renueve la inmunidad al progresismo. A este progresismo.

A Filmus hay que votarlo porque es progresista.

A Evo hay que defenderlo porque es indígena.

A Chávez hay que defenderlo porque es antimperialista.

A Fidel hay que defenderlo porque hizo la revolución.

A todos ellos hay que defenderlos, además, porque los otros son peores.

No sé a qué se debe la impunidad que tiene la izquierda en todo su espectro para permitirse ese tipo categorías. En un buen día tiendo a pensar que se la habrá ganado con tantos años de persecución y caza de brujas. Pero si ese es el caso, ya está, chicos. Ya pasó. La dictadura fue hace mucho. O seamos justos, permitamos sin ruborizarnos categorías especulares del mismo tenor pero con signo opuesto.

Qué se yo: A Macri hay que defenderlo porque es blanco y tiene todos los dientes.

¿Qué pasaría si eso fuera PRO? Digo, si Macri saliera a hacer campaña con eso. Sería suicida. ¿Por qué? Porque ser blanco y tener todos los dientes difícilmente sea una virtud, u otorgue inmunidad para hacer y decir cualquier cosa. Bueno, todo lo demás tampoco.