lunes, marzo 26, 2007

Culto a los muertos

Cannon to right of them,
Cannon to left of them,
Cannon in front of them
Volleyed and thundered;
Stormed at with shot and shell,
Boldly they rode and well,
Into the jaws of Death,
Into the mouth of Hell
Rode the six hundred.
- "Charge of the Light Brigade", Alfred Lord Tennyson

Cuando ya estaban derrotados, el agresor decidió no quedarse sin un enemigo visible. Y la cupula de las montoneras de antaño decidió con una grandeza histórica que los enaltece mandar a todos al matadero con tal de no reconocer que habían perdido, que su táctica y su estrategía estabán errados, que la lucha entre ejercitos no era desigual, era ridícula e idiota. La lucha era política. Se me podrá objetar que en la guerra hay víctimas, que las muertes son inevitables. También que mi actitud es cobarde y seguidista. Tal vez. Pero quizá, sólo quizás, el presente sería diferente, las mentes más preclaras de aquella generación que es la mía y la de todos estarían con nosotros. Y tal vez, el presente sería diferente, se nos unirián para intentar desachatar lo chato cotidiano, el cotilleo incesante y sin sentido que nos rodea.
Ellos, honorables hasta el final, fueron fieles al juramento de una lealtad mal entendida. Un compromiso que desde el presente nos -me- resulta inentendibles. Para nosotros hasta la victoria siempre es solo una frase rimbonbeante que nos hace parecer revolucionarios y comprometidos con la realidad sin mayor ejercicio que el teclear. Ellos se lo tomaron en serio. Patria o muerte. ¿Para qué, muchachos? A la largo, ¿para quién? Desagradecidos y cortos de vista. Sepulcros encalados. No hay que parecer bueno, hay que serlo. Ejercer. No basta con limpiar el exterior de la taza, si no limpiamos el interior siempre estará lleno de porquería.
El error, en retrospectiva es sencillo verlo, pero se buscaba algo, una revolución, alejada de los gustos y costumbres del común de la masa (odio la generalidad de decir masa, pero es lo que hay), esa masa que busca comer todos los días y pasar los días sin mayores sobresaltos hasta que pasen de la guitarra al arpa. Al final, comparto esa visión de la vida, pero eso sí, quiero pensar y cambiar el mundo que me rodea, quiero que todos tengan tiempo para dedicar a expresarse, a imaginar y no solo a buscar el mango alimenticio. La imaginación al poder (la irónía con sonrisa socarrona incluída está en uds., no en mi).
La guerrila, la tendencia revolucionaria, y todas esas maravillosas frases setentistas han pasado a ser signo de pertenencia y un medio para un fin. Algunos lograrón un puestito es un gobierno que dice recoger las banderas de antaño, otros un reconocimiento que no tenían. Primero debo aclarar que el gobierno diga que es abanderado de aquellos ideales es un avance innegable en una sociedad que hace un culto del avergonzarse por la derrota. Pero hace falta más que chispazos fríos de una revolución. El problema es que no se pasa de palabras y gestos demagógicos (que, a que negarlo, sirven), así como de retrotraerse al clima de aquellos años para recordar a los muertos pero no para continuar con su legado. Hay que pasar de la memoria a la acción. No me pregunten como. No tengo ni idea.
No se si tiene que ver con lo que vengo diciendo, pero hay en estos muertos y en los de Malvinas una relación que no he terminado de captar del todo, un sacrificio, en última instancia, ciego y mayormente desintesado. Alguién me señalo que los muertos de la represión era conscientes y se jugaban por sus ideales, mientras que aquellos muertos en el yermo suelo malvinense, o sepultados en las frías aguas australes, fuerón enviados a morir sin preguntarles. No estoy tan seguro que sea así, y espero tener una respuesta para la semana que viene, cuando publique la continuación de este post.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Coincido sólo agrego algunas cosas:
Erigir el 24/3 como el día de la Memoria parece algo tendiente a refundar nuestra civilización (¿Estado? ¿Nación? ¿Patria?) sobre una memoria selectiva y simplificadora, en la cual el mito fundador consiste en que había una banda de criminales que impusieron el terrorismo de estado, mientras que una juventud maravillosa e idealista dio su vida por vencer al estado terrorista y construir un mundo mejor para todos nosotros y, habiendo sido derrotada en un primer momento, su sacrificio no fue en vano; porque aquellos que sobrevivieron, con tesón y perseverancia pudieron al fin derrotar definitivamente a los tiranos haciendo Justicia en honor a la Verdad, que siempre triunfa.

Las cosas son bastante más complejas, como siempre.

Habiendo una crisis de los mitos fundacionales tradicionales, que tiene una relación directa con distintas visiones conspirativas y edulcoradas de la historia que siguen haciendo furor en Cúspide y Yenny, la mitología del Proceso y su consagración actual funcionan como una especie de fin de la historia, como si en la omnipresencia de sus emblemas hubiéramos alcanzado un estado de conciencia absoluto, el conjuro de todos los males posibles de nuestro destino y el cimiento de un futuro despejado merced a esa conciencia.

Quizá todo esto parezca turbio, descabellado y una exageración en términos especulativos, pero basta citar a Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos, quien apoyó la medida (me refiero al tema del feriado) para "hacer efectivo el nunca más y que la noche negra de la dictadura no se repita".

Ya hace bastante opera cierta deificación de la memoria en una encarnación colectivizada: bajo el sello de memoria colectiva se van tapando las experiencias individuales, en un momento en que todavía habemos muchos que podemos contar lo que nos pasó, aun cuando fuéramos chicos. Experiencias de lo más diversas en el contexto sagrado de “la dictadura”. A esta altura, los “otros” horrores (o no) a partir de 1976 (individuales, específicos de cada persona que vivió sin sufrir directamente la muerte, la tortura o el exilio) parecen quedar sepultados por la letanía de los autos de fe en torno al no regreso de los tiempos míticos que, se sabe sin necesidad de invocaciones, no regresan.

Vivimos todos estos años tapados por un horror no demasiado advertido tras el horror más conocido de la muerte, la tortura y las desapariciones forzadas: el de una mitología que enmarca todos nuestros actos de aquella época convirtiendo a la narración de cualquier experiencia en estereotipo y golpe bajo. Hay que emprender otra lucha, ahora que todo está en orden y se consagró el feriado: la de poder contarnos lo que a cada uno le pasó sin pompa y circunstancia, o poder concebir que aquellos no fueron los tiempos más importantes de nuestras vidas e incluso enfrentar el escarnio y la vergüenza, y olvidarnos por un rato de todo el asunto. Un abrazo.

Sebas dijo...

Como bien señalas Pablo, las historias que fuimos recuperando de aquellos luchadoreas y sus enemigos hace que la vida cotidiana de la época se vaya desdibujando. En todas las épocas ocurre lo mismo: alrededor del año '84 lo único que ocurrió fue el juicio a las juntas, '89 la hiper, 01' el corralito y los cacerolazos, en el '12 la Ley Saenz Peña, y así un montón de ejemplos... todo como si la gente no viviera en ese momento. En primer lugar la HISTORIA que se cuenta y se enseña/aprende es solo la historia, la histeria de la historia, algunas historias que a juicio de algunos son las más representativas del periodo, lo cual no está mal pero siempre es algo a tener en cuenta. En segundo lugar, sin embargo, esas "historias comunes de gente común" no sale porque la sociedad no quiere reconocer que en su gran mayoría estaba mirando para otro lado, que no le interesaba y sólo reacciono cuando (¿no es bonito cuando la historia se repite?) la economía de Martinez de Hoz se fue en picada, le tocaron el bolsillo como quien dice.

La Incondicional dijo...

Creo que es un tema un poco sensible para poder hacer "historia" sobre una herida que aún no ha sanado. Sin embargo de un lado del río o del otro hay que rescatar que por lo menos la generación de los ´70 tuvo algo de lo que nosotros carecemos: pasión por sus ideologías y aguante ante las consecuencias de las mismas.

Sebas dijo...

Es justo de lo que hablo. Hay algo que nos -me- hace imposible comprender tamaña devoción a una causa como para llevar a arriesgar la vida. Uno se arriesgaría por la flia., los seres queridos, un amor, si no le quedará otra, pero ¿por una causa? Yo, al menos hasta hoy, no.