domingo, enero 28, 2007

Chanchito sanmartiniano

Caminaba por calle ayer y ví dos chicos con el pelo teñido de rubio. Me dio por las que les dije. Primero porque hay tanta gente que imitar antes que Eminem. Segundo, y de esto tarde unas cuadras en darme cuenta, por esa inmensa necesidad que tienen (tenemos, tal vez, a veces) algunas personas de reinventarse, ser quienes no son, parecerse a alguién más. Ser uno mismo, mostrarse tal cual venimos al mundo es aburrido. Hay que llenarse de aritos, pulseras, anillos, cambiar el color del pelo, usar lentes, cortarse el pelo de formas antinaturales, buscar ropa distinta para usar (igual que todos los demás). Una imperiosa urgencia por distinguirse, por resaltar, por ser visto sin realizar esfuerzo alguno, solo con algún que otro retoque cosmético.
Y sin embargo, no hay retoque que nos cambie, somos quienes somos, un rejunte de lo anterior y alguna pizquilla de originalidad (tal vez, a veces) perdida por ahí. Además si el cambio obedece motivos que rozan con levantarse a alguién entonces dire tranquilos muchachos/as, siempre hay un roto para un descosido. O mejor, a todo chancho le llega su San Martín.

3 comentarios:

La Incondicional dijo...

Por eso yo salgo a la calle con borceguíes de dama, sombrero, vestido largo y sombrilla y el caballero que me acompañe debe hacerlo de galera y levita!

La Incondicional dijo...

Ahora en serio: yo siempre admiré esa búsqueda de la originalidad. Por ejemplo admiro a las gordas que andan en cola less en la playa. Ellas están creídas de que les queda bien y como uno -que cree que les queda horrible- es educado y no se lo va a decir en la cara, las minas la pasan bárbaro con su celulitis ondeando al viento.

Sebas dijo...

Pero son originales siendo iguales a todo.