Política periodística
El acto kirchnerista del 25 de mayo mostro con creces lo que eufemisticamente se conoce como "la vieja política". Todos los aparatos pseudoperonistas se pusieron en movimiento para llevar a la plaza una inmensa cantidad de gente. Una demostración de fuerza política por parte del presidente. Igualmente, supongo que alguna de toda esa gente se sintió "autoconvocada". Más allá que uno este en desacuerdo con algunas prácticas persecutorias contra el periodismo, es imposible soslayar un obvio aumento de salarios y un esfuerzo por cuidar el bolsillo de la gente. Del electorado, dirán algunos, tal vez con razón. Ese es el chiste de la política: buscar votos. Lo bueno es cuando se buscan esos votos tomando en cuenta las necesidades de la gente.
Volviendo a los de los periodistas uno se pregunta por qué la gente no salió a la calle reclamando por la verdadera libre expresión. Quisiera ensayar una breve respuesta: desde la época menemista con todo el rejunte de medios que ocurrió, alguién podría pensar que el periodismo responde a una lógica corporativista matizada por discusiones ideológicas. Entonces, aunque la violación de la privacidad electrónica nos asuste a muchos, no puedo dejar de pensar en la remanida metáfora del periodista como fiscal de la acción gubernamental, ejerciendo la crítica por todos aquellos que no lo pueden hacer. De un tiempo a esta parte, cual partido político, han pasado de ser fiscales a acusador y defensor, sin grises discernibles. Deuda pendiente.

1 comentario:
Abrazos a las abuelas, las madres, besos, cincuenta palabras y los amo. El presidente es, como dice Halperín Donghi, “un hombre corto”. Cuando Alfonsín retoma el micrófono en la Rural para contestarle al pelotudo de Alchourrón, habla veinte minutos más, agregados a los treinta que había leído antes. Y Alfonsín citaba a Thomas Mann, a Popper, bueh. No era un hombre digno del balcón de la Casa de Gobierno, de todos modos. Recién el presidente dijo: “Ese balcón tiene dueño”, y mencionó como pocas veces lo hace a Perón. Iba a empezar a enumerar quienes lo “usurparon” pero se detuvo en Galtieri. A quien no nombró. El otro día el recontramiserable e hijo de una grandísima puta de Alberto Fernández sí dijo que Alfonsín lo usurpó, y mencionó a Galtieri también. Dijo “Alfonsín” y dijo “Galtieri”. Los igualó.
A Alfonsín se lo garcharon de parado. No sólo con aquella frase. Alfonsín venía llorando, reclamando trato institucional y ¿cuándo se lo da Kirchner?: cuando le está comiendo como una termita el poco radicalismo que le queda y lo sienta en la Catedral el mismo día que en la puerta lo esperan trescientos mil negros vivos como para que capte la diferencia de anchura de verga temporal.
Ojalá Kirchner, en su cortedad, haya entendido el discurso de Bergoglio. El cardenal, si se leen sus palabras y no se hace uno el idiota, el ateo al pedo, el pagano pajero, como para no leer, será el verdadero contrapeso de Kirchner. A falta de políticos ambiciosos en serio, la Iglesia o este cardenal tirarán paredes con los valores republicanos que nos hacen sentir bien a los que respetamos los semáforos, pedimos las cosas por favor y damos las gracias.
La plaza de mayo, las diagonales, la avenida de mayo y esas callecitas que son lindas los domingos y que nacen en Rivadavia o en Hipólito, ardieron de gente. Es la verdad. Fue realmente algo, esto que pasó. El kirchnerismo, nacido de una carambola, de la generosidad de Duhalde y de muy pocos votos, se convirtió en un hecho de masas. Tal cosa, no sé bien que significa, pero retumba. Sé que también crece Haití, y que a Kirchner lo tocan tiempos amables en el mundo para hacer crecer las reservas del central, aumentar el gasto público y cagarse de risa tirando contratos, lo que, bueno, endulza las relaciones, pero no es que es el Beto Larrosa en otra escala. Hay una habilidad evidente para tener sentado cerca, en un mismo día, a Hebe, a Pérsico, a Alfonsín, a Scioli, a Bergoglio, a todos los gobernadores y a todos los intendentes.
No encuentro demasiadas razones para no apoyar al gobierno. Por lo tanto lo apoyo, tiene mi imagen positiva. Puedo meterme en detalles, si es que lo son, y supongo que lo son, como la importancia de la conchuda de Nilda Garré en el gobierno, un personaje que ha vivido del sistema que el presidente parece estar reformando. O del impostor de Alberto Fernández, que tiene que actuar desde que se levanta hasta que se acuesta un papel inesperado para su trayectoria miserable. Dos personas que hicieron todo el esfuerzo por hacer las cosas mal para todos y bien para ellos. En la Argentina hay más pobres y es un país más desgraciado no solo por todas las cosas horribles y que estaban mal que Garré apoyó sino por el simple hecho de su nacimiento. De que un día dos cristianos se aparearon para inventar este bicho malo. En fin. No sé qué sabrá Kirchner y para qué le servirá. Estimo que es un detalle.
Canta Mercedes Choza y termino mi homilía. TELAM dice 500.000 personas, Clarín 350.000, Hadad 350.000 y en el Página no dicen nada, están cartoneando ceros por ahí. En La Nación no saben cómo contar personas. No saben qué son las personas. (Chicos, son los que van en el auto del otro lado del alambre). Se puede decir que había más o menos la misma gente que aquel domingo de la semana santa en el gobierno de Alfonsín. Con la diferencia que aquella vez fueron personas de clase media, que bajaron de sus edificios y se subieron a colectivos y subtes o estacionaron el auto en Callao y estos de hoy, digamos que son parte de miles y miles de redes de asistencia social. No puedo asegurar que esta gente no haya tenido ganas de ir al acto y que sólo fue por la existencia de la red, y uno no se anda desocializando así como así, y menos si se pone en juego la comida y el techo. Creo que es un razonamiento barato. Es medir el acto del pobre con la agenda electrónica de la clase media, son dos valoraciones distintas del tiempo libre y dos formas de definir las pasiones y de vivirlas. Lo que sí, es que el noventa por ciento de los asistentes son pobres. La ropa barata, los mofletes, los dientes fueron indicadores suficientes. Y los pobres son negros, está bien a la vista.
Terminó de cantar Sosa. El asador de la casa de Cariló de Albistur —nos referimos al humorista sin gracia, payaso sin nariz, clown sin w, puto sin ojete, el señor Coco Silly— empieza a gritar “Argentina, Argentina”. Y así, gritando como un loco el nombre propio de la patria, el acto termina y la gente se va comiendo alfajores. Un abrazo.
Publicar un comentario