jueves, septiembre 17, 2009

Ser. No ser. Saber. No saber. Hacer.

Soy muchas personas. La que te ama. La que se enoja. La que se preocupa. La que cree que todo va bien, hasta cuando no. La que haría cualquier cosa por vos. La que tiene ganas de decir vayánse todos a la mierda. La que se da cuenta que todavía le falta mucho por aprender. Soy muchas personas.

No soy muchas personas. No soy referente de nadie. No intento serlo. No tengo ideas claras sobre casi nada. No me sobra la confianza. No estoy seguro del futuro. No me sobra nada.

Se muchas cosas. Que te amo. Que te necesito. Que voy a pelear hasta el final. Que lo molinos de viento no son invencibles. That life is meaner, and sneakier and stronger than us but here's what I got: I love you, no matter what (gracias Mad About You). Que la vida es gris pero yo estoy lleno de colores. Que estoy pensando en vos y no puedo evitar sonreír.

No se que va a pasar. Pero se que voy a hacer.

sábado, septiembre 12, 2009

Lo que no se olvida

Recuerdo un sábado al mediodía... justo como este, con solcito y todo... cuando pensaba en todo lo que había pasado en pocas horas.

Un encuentro casi furtivo, puerta de la facu, Parque Centenario, lugar oscuro. Me la jugué y evite el taxi, más por ver la reacción que por ahorrar platita. Fuimos caminando hasta Palermo y entramos a un bar. ¿Qué serian? ¿La medianoche? A continuación el siempre atemorizante reconocimiento:

Yo: -¿Qué vas a tomar?
Ella: -Una cerveza. ¿Vos?
Yo: -Una gaseosa.
Ella: -¿No tomas?
Yo: -No. No por una cuestión ideológica o religiosa sino porque simplemente no me gusta.

Suelto suspiro. Entonces y ahora, rememorando.

¿De qué hablamos? Sex & the city, Disney, música, canciones, rock nacional, viejas relaciones. En fin: los dos tanteabamos el terreno.

Ella: -¿Qué hora es?
Yo (mirando el reloj o el cel, ya no me acuerdo): -Las cinco.
Ella hizo una pausa, y nos miramos como diciéndonos "no jodas".

Al rato, salimos. Nueva caminata al punto de partida. Corrientes y Ángel Gallardo. "Te invito a desayunar", le digo. Ella tenía que ir a trabajar al rato y yo tenía clases. Eran las siete de la mañana, o casi. Bar abierto, asiento circular, ideal para acercarse, amucharse. Ella de un lado y yo, siempre el caballero tembloroso, del otro. Bolso de por medio. ¡Qué fácil que resolviste, mi amor! Lo tuyo es la capacidad para sintetizar lo difícil. Visita al toilette mediante, al regreso, se sienta del otro lado. Al lado mío.

De ahí no pasamos. Para todo lo demas, tiempo al tiempo. Y sin embargo paso de todo. Una conexión. Un flechazo. Estomagos mariposeados. Amor en estado puro.

Continuara...

sábado, agosto 29, 2009

Aquellos ayéres que nunca olvidaremos

Un par de cosas que quiero recordar sobre mi niñez (salieron a la luz conversando vía msn con El fantasma de Belgrano).

El shopping Sur: Todo el que vivió/vive en zona sur tiene que acordarse. Erra horrible, lleno de caños y con piso bordo. Pero era lo único que teníamos (de hecho, solo existían el Soleil, el Patio Bullrich, y en recién inaugurado Alto Palermo). La mascota se llamaba Shoppy, un conejo con cara de nabo. La canción (gracias Fantasma): "Estamos en Shoppilandia, estamos en Shopping Sur. El reino de Shoppy, el reino feliz, el reino donde todos quieren ir. El lugar más divertido más genial y entretenido para todos los chicos del país."

Pumper Nic: el McDonald's de los 80 y comienzo de los 90. Con el advenimiento de Ronald y sus amigos, tuvo que cerrar. De hecho, varios M amarilla están donde estaban antiguamente los Pumpers. Ejemplos: el de la peatonal de Mar del Plata (me gustaba mucho, tenía ladrillos a la vista), el de Lomas de Zamora. Recuerdo también con cariño el de Lavalle, con sus escaleras de metal. Iba con mi madre. Los tachos de basura decían "dele de comer al hipopótamo" (Fantasma again). Y tenía dispenser con salsas (las más obvias: mayonesa, mostaza y ketchup, si la memoria no me falla).

Por último, los cóspeles de ENTEL: Tenías los de larga y los de corta distancia. Los primeros eran grandes y plateados (y caían como agua por canilla descompuesta). Los de corta, dorados y chiquitos, y por lo general muy sucios. También teníamos cospeles para el subte, de aluminio. También de aluminio eran las monedas de Alfonsín cuando la escasez de divisas. Las de 1 centavo tenían en el reverso un ñandú.

¡¡¡Te odio!!!


Odio los lockers de los supermercados/musimundos/etc... nunca tengo monedas y sino pones el bolso/mochila ahí te mirán feo. Y si les vas a pedir monedas para el locker, te dan de mala gana, como si estuvieras cometiendo un delito. Mensaje a los dueños de estos engendros de Satanás: los lockers son de uds., che, y por eso si no les gusta el tema de las monedas, den fichas. O banquénsela y usen unos sin monedas, como los de los super chinos (que dicho sea de paso, casi todos suelen estar fuera de servicio). O, mejor aún, no usen lockers y punto.


Como dije, odio los lockers. El motivo: siempre me olvido las monedas que puse, y después me faltan para viajar.

lunes, agosto 10, 2009

El tempranero

Nunca voy a entender a las mujeres. Se que no estoy diciendo nada nuevo: Nos pasamos la vida tratando de entenderlas y lo mejor que logramos es cara de Homero pensando.


Nunca están contentas. Con nada. Lo sabemos. Lo entendemos. Pero, por favor, ¡cómo cuesta!

Para muestra basta un botón. A continuación, dialogo vía sms.

"Salgo del gimnasio tipo 15 hs. Nos vemos ahí."

Yo, tratando de ser puntual, 15.03 estaba ahí.

Sms: "Ya estoy acá."

La respuesta fue antológica: "Por qué siempre tenés que llegar tan temprano?"


sábado, mayo 23, 2009

Estoy probando Ping.fm, si funciona... si funciona las aguas se revolucionan!!!!

domingo, mayo 17, 2009

Signos de una época

Concurrí, después de varios años, a una misa católica que se llevo a cabo en la iglesia del lugar donde crecí, Burzaco, una localidad ubicada en el extremo sur del Gran Buenos Aires. Fue una soleada mañana de domingo otoñal, y no pude dejar de asombrarme ante la preparación que ponía la gente en su aspecto físico. Iba allí a mostrarse, a reconocerse, a sentirse parte de algo más grande que ellos mismos.

Ya de camino a la iglesia, pude ver personas que, a partir de esa sociología de entrecasa que cualquiera hace en la calle, deduje se dirigian a participar de la ceremonia. Las ropas, un modo de caminar que decía "estoy cumpliendo con mi deber", las caras relucientes, me lo indicaban. Ya en la plaza que está frente a la sede parroquial había una treintena de personas en corrillos de tamaños varios, algunos charlando, otros viendo las artesanías que se ofrecían sobre las mantas, o tan solo observando el ir y venir. Como yo.

No pude evitar reconocer rostros de antaño. Más ajados, si, pero demostrando que la religión superaba al tiempo y los achaques. Estamos hablando, despues de todo, de una iglesia que tiene más de 1000 millones de bautizados, según datos recogidos en la Wikipedia.

Una vez adentro, reconfortaba el hecho de estar junto a tanto calor humano, estar dentro de una comunidad, que sin embargo no lo es sólo por compartir. Pero lo parece. Y otros signos exteriores apoyan la idea de comunidad: lo pálido de las prendas de vestir, lo chato de las conversaciones y lo regular de las costumbres religiosas dentro de la Iglesia: Entro, hago la señal de la cruz, y a mi asiento. Luego el sacerdote, vestido con casulla blanca y cubierto por una estola de color verde, adornada con detalles dorados, hace su ingreso, acompañado por dos niños, sumisos, bien peinados, callados.

La celebración refuerza el carácter ceremonial y antiquismo del asunto. -Que Dios esté con vosotros -dice el cura. El gentío responde: -Y con tu espíritu. Todo es así, como buenas ovejitas que somos, seguimos al líder. El único momento en el que el sacerdote "baja" a la tierra es cuando llega el momento de rezar el Padrenuestro: Todos juntos y tomados de las manos aunque, eso si, sin mirar al de al lado, no sea cosa que se le resquebraje la mascara. Y esto sigue cuando llega el tradicional "beso de la paz". Una especie de haz bien sin mirar a quien, pero carente de cualquier sentido. Ni emociones y menos aún ese reconocerse en el otro que trae consigo el saludo sincero.

Todo resulta falso, impostado. Y, sin embargo, al momento de comulgar, dudo. No estoy confesado. Y si no estoy confesado las leyes eclesiales dicen que no soy puro para recibir "el cuerpo de Cristo", ya que no estoy en "estado de gracia". Nada tiene sentido pero también necesito ser parte de una comunidad, aunque sea imaginada, porque, después de todo, ¿no lo son todas?

El evento termina con todos cantando una canción de cuya letra prefiero no acordarme, pero que tenía, eso si, muchos "hosanas en las alturas". El cura sale a la calle para llevar la buena nueva al pueblo, y su pueblo lo sigue... solo hasta la explanada de la iglesia. Hasta ahí llego mi amor. Después, tasa tasa, cada uno a su casa. Cada uno por su lado, y sin mayores pensamientos que el almuerzo o las actividades de la semana que entra.

"Dios es mi pastor, nada me falta," dijo el cura durante la misa. Si nada es real para mi, lo mismo le debe ocurrir a muchos de los concurrentes a las misas dominicales. ¿Entonces? La iglesia, nuestra religión, es un signo de quietud y beatitud ante lo cambiante del mundo. Si los significados están cambiando todo el tiempo, necesitamos signos perennes, y fieles a si mismos. O que, por lo menos, aparenten serlo.