Cannon to right of them,
Cannon to left of them,
Cannon in front of them
Volleyed and thundered;
Stormed at with shot and shell,
Boldly they rode and well,
Into the jaws of Death,
Into the mouth of Hell
Rode the six hundred.
- "Charge of the Light Brigade", Alfred Lord Tennyson
Cuando ya estaban derrotados, el agresor decidió no quedarse sin un enemigo visible. Y la cupula de las montoneras de antaño decidió con una grandeza histórica que los enaltece mandar a todos al matadero con tal de no reconocer que habían perdido, que su táctica y su estrategía estabán errados, que la lucha entre ejercitos no era desigual, era ridícula e idiota. La lucha era política. Se me podrá objetar que en la guerra hay víctimas, que las muertes son inevitables. También que mi actitud es cobarde y seguidista. Tal vez. Pero quizá, sólo quizás, el presente sería diferente, las mentes más preclaras de aquella generación que es la mía y la de todos estarían con nosotros. Y tal vez, el presente sería diferente, se nos unirián para intentar desachatar lo chato cotidiano, el cotilleo incesante y sin sentido que nos rodea.
Ellos, honorables hasta el final, fueron fieles al juramento de una lealtad mal entendida. Un compromiso que desde el presente nos -me- resulta inentendibles. Para nosotros hasta la victoria siempre es solo una frase rimbonbeante que nos hace parecer revolucionarios y comprometidos con la realidad sin mayor ejercicio que el teclear. Ellos se lo tomaron en serio. Patria o muerte. ¿Para qué, muchachos? A la largo, ¿para quién? Desagradecidos y cortos de vista. Sepulcros encalados. No hay que parecer bueno, hay que serlo. Ejercer. No basta con limpiar el exterior de la taza, si no limpiamos el interior siempre estará lleno de porquería.
El error, en retrospectiva es sencillo verlo, pero se buscaba algo, una revolución, alejada de los gustos y costumbres del común de la masa (odio la generalidad de decir masa, pero es lo que hay), esa masa que busca comer todos los días y pasar los días sin mayores sobresaltos hasta que pasen de la guitarra al arpa. Al final, comparto esa visión de la vida, pero eso sí, quiero pensar y cambiar el mundo que me rodea, quiero que todos tengan tiempo para dedicar a expresarse, a imaginar y no solo a buscar el mango alimenticio. La imaginación al poder (la irónía con sonrisa socarrona incluída está en uds., no en mi).
La guerrila, la tendencia revolucionaria, y todas esas maravillosas frases setentistas han pasado a ser signo de pertenencia y un medio para un fin. Algunos lograrón un puestito es un gobierno que dice recoger las banderas de antaño, otros un reconocimiento que no tenían. Primero debo aclarar que el gobierno diga que es abanderado de aquellos ideales es un avance innegable en una sociedad que hace un culto del avergonzarse por la derrota. Pero hace falta más que chispazos fríos de una revolución. El problema es que no se pasa de palabras y gestos demagógicos (que, a que negarlo, sirven), así como de retrotraerse al clima de aquellos años para recordar a los muertos pero no para continuar con su legado. Hay que pasar de la memoria a la acción. No me pregunten como. No tengo ni idea.
No se si tiene que ver con lo que vengo diciendo, pero hay en estos muertos y en los de Malvinas una relación que no he terminado de captar del todo, un sacrificio, en última instancia, ciego y mayormente desintesado. Alguién me señalo que los muertos de la represión era conscientes y se jugaban por sus ideales, mientras que aquellos muertos en el yermo suelo malvinense, o sepultados en las frías aguas australes, fuerón enviados a morir sin preguntarles. No estoy tan seguro que sea así, y espero tener una respuesta para la semana que viene, cuando publique la continuación de este post.