sábado, agosto 29, 2009

Aquellos ayéres que nunca olvidaremos

Un par de cosas que quiero recordar sobre mi niñez (salieron a la luz conversando vía msn con El fantasma de Belgrano).

El shopping Sur: Todo el que vivió/vive en zona sur tiene que acordarse. Erra horrible, lleno de caños y con piso bordo. Pero era lo único que teníamos (de hecho, solo existían el Soleil, el Patio Bullrich, y en recién inaugurado Alto Palermo). La mascota se llamaba Shoppy, un conejo con cara de nabo. La canción (gracias Fantasma): "Estamos en Shoppilandia, estamos en Shopping Sur. El reino de Shoppy, el reino feliz, el reino donde todos quieren ir. El lugar más divertido más genial y entretenido para todos los chicos del país."

Pumper Nic: el McDonald's de los 80 y comienzo de los 90. Con el advenimiento de Ronald y sus amigos, tuvo que cerrar. De hecho, varios M amarilla están donde estaban antiguamente los Pumpers. Ejemplos: el de la peatonal de Mar del Plata (me gustaba mucho, tenía ladrillos a la vista), el de Lomas de Zamora. Recuerdo también con cariño el de Lavalle, con sus escaleras de metal. Iba con mi madre. Los tachos de basura decían "dele de comer al hipopótamo" (Fantasma again). Y tenía dispenser con salsas (las más obvias: mayonesa, mostaza y ketchup, si la memoria no me falla).

Por último, los cóspeles de ENTEL: Tenías los de larga y los de corta distancia. Los primeros eran grandes y plateados (y caían como agua por canilla descompuesta). Los de corta, dorados y chiquitos, y por lo general muy sucios. También teníamos cospeles para el subte, de aluminio. También de aluminio eran las monedas de Alfonsín cuando la escasez de divisas. Las de 1 centavo tenían en el reverso un ñandú.

¡¡¡Te odio!!!


Odio los lockers de los supermercados/musimundos/etc... nunca tengo monedas y sino pones el bolso/mochila ahí te mirán feo. Y si les vas a pedir monedas para el locker, te dan de mala gana, como si estuvieras cometiendo un delito. Mensaje a los dueños de estos engendros de Satanás: los lockers son de uds., che, y por eso si no les gusta el tema de las monedas, den fichas. O banquénsela y usen unos sin monedas, como los de los super chinos (que dicho sea de paso, casi todos suelen estar fuera de servicio). O, mejor aún, no usen lockers y punto.


Como dije, odio los lockers. El motivo: siempre me olvido las monedas que puse, y después me faltan para viajar.

lunes, agosto 10, 2009

El tempranero

Nunca voy a entender a las mujeres. Se que no estoy diciendo nada nuevo: Nos pasamos la vida tratando de entenderlas y lo mejor que logramos es cara de Homero pensando.


Nunca están contentas. Con nada. Lo sabemos. Lo entendemos. Pero, por favor, ¡cómo cuesta!

Para muestra basta un botón. A continuación, dialogo vía sms.

"Salgo del gimnasio tipo 15 hs. Nos vemos ahí."

Yo, tratando de ser puntual, 15.03 estaba ahí.

Sms: "Ya estoy acá."

La respuesta fue antológica: "Por qué siempre tenés que llegar tan temprano?"


sábado, mayo 23, 2009

Estoy probando Ping.fm, si funciona... si funciona las aguas se revolucionan!!!!

domingo, mayo 17, 2009

Signos de una época

Concurrí, después de varios años, a una misa católica que se llevo a cabo en la iglesia del lugar donde crecí, Burzaco, una localidad ubicada en el extremo sur del Gran Buenos Aires. Fue una soleada mañana de domingo otoñal, y no pude dejar de asombrarme ante la preparación que ponía la gente en su aspecto físico. Iba allí a mostrarse, a reconocerse, a sentirse parte de algo más grande que ellos mismos.

Ya de camino a la iglesia, pude ver personas que, a partir de esa sociología de entrecasa que cualquiera hace en la calle, deduje se dirigian a participar de la ceremonia. Las ropas, un modo de caminar que decía "estoy cumpliendo con mi deber", las caras relucientes, me lo indicaban. Ya en la plaza que está frente a la sede parroquial había una treintena de personas en corrillos de tamaños varios, algunos charlando, otros viendo las artesanías que se ofrecían sobre las mantas, o tan solo observando el ir y venir. Como yo.

No pude evitar reconocer rostros de antaño. Más ajados, si, pero demostrando que la religión superaba al tiempo y los achaques. Estamos hablando, despues de todo, de una iglesia que tiene más de 1000 millones de bautizados, según datos recogidos en la Wikipedia.

Una vez adentro, reconfortaba el hecho de estar junto a tanto calor humano, estar dentro de una comunidad, que sin embargo no lo es sólo por compartir. Pero lo parece. Y otros signos exteriores apoyan la idea de comunidad: lo pálido de las prendas de vestir, lo chato de las conversaciones y lo regular de las costumbres religiosas dentro de la Iglesia: Entro, hago la señal de la cruz, y a mi asiento. Luego el sacerdote, vestido con casulla blanca y cubierto por una estola de color verde, adornada con detalles dorados, hace su ingreso, acompañado por dos niños, sumisos, bien peinados, callados.

La celebración refuerza el carácter ceremonial y antiquismo del asunto. -Que Dios esté con vosotros -dice el cura. El gentío responde: -Y con tu espíritu. Todo es así, como buenas ovejitas que somos, seguimos al líder. El único momento en el que el sacerdote "baja" a la tierra es cuando llega el momento de rezar el Padrenuestro: Todos juntos y tomados de las manos aunque, eso si, sin mirar al de al lado, no sea cosa que se le resquebraje la mascara. Y esto sigue cuando llega el tradicional "beso de la paz". Una especie de haz bien sin mirar a quien, pero carente de cualquier sentido. Ni emociones y menos aún ese reconocerse en el otro que trae consigo el saludo sincero.

Todo resulta falso, impostado. Y, sin embargo, al momento de comulgar, dudo. No estoy confesado. Y si no estoy confesado las leyes eclesiales dicen que no soy puro para recibir "el cuerpo de Cristo", ya que no estoy en "estado de gracia". Nada tiene sentido pero también necesito ser parte de una comunidad, aunque sea imaginada, porque, después de todo, ¿no lo son todas?

El evento termina con todos cantando una canción de cuya letra prefiero no acordarme, pero que tenía, eso si, muchos "hosanas en las alturas". El cura sale a la calle para llevar la buena nueva al pueblo, y su pueblo lo sigue... solo hasta la explanada de la iglesia. Hasta ahí llego mi amor. Después, tasa tasa, cada uno a su casa. Cada uno por su lado, y sin mayores pensamientos que el almuerzo o las actividades de la semana que entra.

"Dios es mi pastor, nada me falta," dijo el cura durante la misa. Si nada es real para mi, lo mismo le debe ocurrir a muchos de los concurrentes a las misas dominicales. ¿Entonces? La iglesia, nuestra religión, es un signo de quietud y beatitud ante lo cambiante del mundo. Si los significados están cambiando todo el tiempo, necesitamos signos perennes, y fieles a si mismos. O que, por lo menos, aparenten serlo.

viernes, mayo 08, 2009

Nativos y analógicos




Recien salgo de la presentación que Alejandro Piscitelli (AP) hizo de su libro "Nativos Digitales", de la que y del que ya escribiremos in extenso. Pero algo resalto e ilumino un recuerdo. Alejandro señalo que el libro (su libro, no los libros en general) era, a pesar de sus múltiples conexiones con lo digital, extremadamente analógico. Y es así, vivimos en dos mundos. Hace más de un año, Horacio Lotito me presto el anterior libro de AP, Ciberculturas 2.0. Habitualmente leo los libros mientras viajo. Una tarde, viajaba en subte, y una chica me miraba mucho... pero mucho. No pude sino sorprenderme. La chica se levanto y encaro hacia mi, al tiempo que el subte se detenía en la estación del shopping Abasto.

- ¿Me dejas ver el autor? -me dijo.
Anonadado, flabberglasted, levante el libro para que copiara el nombre. Y no atine a siquiera pedirle el teléfono.

Más allá de lo colorido de la historia, podemos ver como lo digital y lo analógico se entrecruzan a través nuestro, cuasiobjetos de cuasisujetos.

Volver a mi

Volvimos, ya no esperamos ningún vendaval, de nuevo todo es posible. Espero disfrutemos de está segunda parte de algo que nunca termino.